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De Donald Trump al Papa Francisco


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6 de julio de 2015 - 8:38 pm
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Foto: Presidencia del Ecuador

Parecería paradójico que a estas alturas de la historia humana, donde se esperaba que la ciencia y la tecnología alejarían a las sociedades de sus creencias religiosas, la figura del máximo líder de la Iglesia católica pueda aún concitar tanto interés en los países que visita. Sin embargo, la aparente paradoja se desarticula cuando dejamos de ver la evolución histórica en forma lineal y también cuando rescatamos las motivaciones básicas que alimentan el sentimiento religioso con todas sus conexiones profundas en las emociones, sentimientos y pasiones de los seres humanos. La mayoría de las veces lo religioso no responde a una lógica racional sino emocional.

Además, sería erróneo ver en la concitación masiva que la figura del Papa produce solo un fenómeno mediático o una expresión más de las regularidades de la sociedad del espectáculo. Si bien por su carácter excepcional la visita de un Papa crea expectativas y genera una cobertura masiva de los medios de comunicación, en el caso del Papa Francisco habría que añadir otros factores que no son solo religiosos sino que también se articulan a procesos políticos contemporáneos, en los cuales la figura de este pontífice proyecta reflexiones que nutrirán procesos de cambio que ya se han venido gestando a pesar de la resistencia denodada de quienes quieren que nada cambie.

Probablemente hace veinte o treinta años las desafortunadas declaraciones de Donald Trump del 16 de junio pasado no habrían causado revuelo, ni respuestas severas de sectores sociales y políticos ni mucho menos la ruptura de relaciones comerciales y financieras de empresas como Univisión y NBC. Esas reacciones son indicadoras de cambios que ya parecen irreversibles. El Papa Francisco, a diferencia de Trump, parece empujar decididamente en la dirección de esos cambios. A pesar de la oposición de los sectores más conservadores de la Iglesia católica, aquellos que hicieron poco o nada frente a los abusos cometidos por numerosos sacerdotes, y de la previsible obstrucción de la derecha política mundial, los cambios encontrarán un gran impulso en la figura de un Papa que, con asombrosa humildad, afirmaba en julio de 2013: “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo?”.

El caso del Papa Francisco y la movilización que provoca se sustentan también en sus particulares características y condiciones: no solo es el primer Papa nacido en América sino también su discurso y sus prácticas personales, en tan solo dos años y cuatro meses, han renovado la visión religiosa y política sobre el mundo y sus graves problemas. Francisco representa, en más de un modo, la irrupción de un nuevo origen geográfico, de un distinto modo de hablar y de actuar; él trae consigo una muy necesitada -y por muchos esperada- renovación de las acartonadas tradiciones y prácticas de la vieja Iglesia católica; trae también, como bandera principal, una reorientación de su visión política y de su actividad pastoral, donde los pobres pasan a ocupar un lugar privilegiado.

Cuando hace unos treinta años los jesuitas de algunos países decidieron mudar sus colegios de las zonas de clase alta y atender a niños y jóvenes de los barrios pobres, hicieron una profesión militante de defensa de estos últimos, una defensa que expresaba una visión donde se privilegiaba una vocación social que hasta ahora se ha mantenido. Sin duda, Francisco es protagonista y promotor de esa visión y de ese compromiso.

Así que las condiciones personales de Bergoglio, su origen geográfico, su formación jesuítica y su visión renovada del compromiso eclesial con los más necesitados trae aparejada una identificación con sectores sociales que el discurso vaticano con frecuencia ignoraba.

Sin duda, las visitas papales fuera de Europa, iniciadas por Pablo VI en 1964, buscan mantener viva la presencia de la Iglesia católica pero son también una estrategia de comunicación que se expresa en un acercamiento al pueblo creyente. En esa estrategia Bergoglio ha iniciado un programa de visitas que muy pronto superará las de Pablo VI, hasta ahora el Papa que más viajes ha hecho durante su pontificado. Con la actual visita, Francisco, en muy poco tiempo, habrá visitado cuatro países latinoamericanos y planea visitar pronto unos seis más, lo que evidencia su particular acento geográfico. El continente, a no dudarlo, espera mucho de este nuevo líder. Y por lo que hasta ahora se ve, parece encaminado a no defraudarlo.

Escrito por: José Enrique Finol

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