Comunicamos


El periodista es un maestro y la sociedad es su aula


Imprimir Enviar
5 de January de 2015 - 4:45 pm
Tiempo de lectura: 2 minutos | No. de palabras: 490 | 2770 visitas

Escrito por: José Enrique Finol

¡Vaya que es difícil ser periodista en nuestros tiempos! Si hace apenas unos treinta años el trabajo periodístico estaba claramente delimitado –cubrir fuentes definidas, titular textos, entrevistar, diagramar páginas o noticieros–, hoy la multiplicidad y heterogeneidad de la información nos sobrepasa, la competencia entre medios es voraz, las empresas muchas veces creadas con vocación de servicio público se han convertido en emporios económicos y políticos, los medios y sus lenguajes se han multiplicado, los lectores son más exigentes y críticos (aunque todavía no lo suficiente).

En el mundo de la sobreinformación y de la saturación de contenidos, donde la distancia y el tiempo se constriñen, donde la violencia se hace espectáculo y la realidad y la ficción se confunden; un mundo donde los medios, en un esfuerzo desmedido por captar nuestra atención, mezclan una telenovela colombiana con la decapitación de un prisionero en Afganistán; en ese mundo veloz que casi no nos deja tiempo para pensar y nos plantea la alternativa entre el compromiso o la indiferencia ¿qué es ser periodista? ¿Qué cualificaciones debe tener? ¿Qué lealtades practicar?

Son preguntas difíciles que en el ejercicio cotidiano nos aguijonean constantemente y que es imposible satisfacer con una sola respuesta. Un periodista es muchas cosas a la vez. Por ejemplo, ser periodista hoy es alimentar, cada día, nuestra curiosidad por saber lo que el mundo, bajo su apariencia caótica, nos oculta; un periodista debe ser un lector voraz pero también selectivo, debe ser crítico, de modo que pueda distinguir entre el grano y la paja, entre lo subjetivo y lo objetivo (sea lo que sea que esta última palabra signifique), entre los intereses parciales y los de la sociedad a la que sirve; debe ser respetuoso de sus receptores, a quienes nunca les ofrecerá una verdad sino sus varias versiones, nunca buscará manipularlos sino ofrecerles opciones, visiones, posibilidades.

Al final de cuentas, un periodista es en buena parte un investigador, cuyos resultados se resuelven cotidianamente; es también un maestro pero con una responsabilidad mayor pues su aula es muy grande y sus alumnos muchos; es un médico pues vela por la salud social; también es un filósofo heraclitiano que nos enseña que la vida está pasando cada minuto, cada día, y que, por lo tanto, la existencia es un fluir. También el periodista es un cronista, pues cada día construye el primer borrador de la historia; es un buen padre de familia que nunca propondría a sus receptores contenidos que no querría que sus hijos viesen.

Pero a pesar de las dificultades, los obstáculos y el poco reconocimiento económico y social de la profesión, ser periodista bien vale la pena: se trata de una enriquecedora aventura que acometemos todos los días, en la que tenemos la oportunidad de contribuir con la construcción de una sociedad más justa, sin discriminación, sin violencia, en la que la paz se construye, poco a poco, en el respeto al derecho de los otros.

Deja un comentario