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La banalización de la muerte en el Caso Sharon:  “informar” sin informar


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10 de January de 2015 - 4:21 pm
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Hace algo más de un década, dos prestigiosos periodistas norteamericanos, Bill Kovach y Tom Rosenstiel, publicaron el libro “Los elementos del periodismo”. En esta obra plantean que el periodismo atraviesa “una crisis de conciencia, confianza y objetivos” y que un examen del periodismo norteamericana revelaba que las últimas décadas había aparecido una tendencia significativa: “las noticias se estaban convirtiendo en entretenimiento y el entretenimiento en noticias”. Producto de este giro, plantearon estos autores, los periodistas “en  vez de servir a un interés público más importante, lo estaban socavando”.

Estas significativas y auto-críticas reflexiones se tornan de gran actualidad en relación con la mayoría de coberturas desatadas alrededor del fallecimiento de la cantante conocida como Sharon “La Hechicera”.

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Tras una rápida revisión de 73 “noticias”, transmitidas por 7 medios televisivos entre el 4 y el 5 de enero y difundidas en programas informativos, de entretenimiento y farándula, el eje noticioso priorizado giró alrededor de la presunta agresión del conviviente de la cantante, ligado al segundo eje de interés informativo que fue la divulgación sobre un posible femicidio. A primera vista esto podría aparecer como aleccionador, en el sentido de conectarse con una problemática estructural de violencia existente en la sociedad. Sin embargo, en ambos casos, solamente hubo referencias personalizadas sobre este hecho y la exposición de testimonios basados en indicios no comprobados o en testimonios apresurados.

Por otro lado, a pesar del despliegue noticioso, la mayoría de notas no abordaron con solvencia una aproximación biográfica de la artista. Tampoco hubo casi el menor esfuerzo por enmarcarla en un contexto que explique el éxito que había logrado, es decir analizar el significado de su producción musical y como presentadora televisiva en la cultura popular. Pese a que se trataba de una cantante reconocido como una de las representantes de la tecnocumbia  y la música popular, apenas 12 noticias hicieron alusión a su vida como artista.

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Dada la marcada ausencia de profundidad en muchísimas de esas notas  periodísticas, la redundancia temática sobre los hechos narrados, el privilegio de la espectacularización y banalización alrededor de la muerte de un ser humano y, entre otras cosas, el apresuramiento para hacer afirmaciones, la más de la veces sin el sustento necesario, se podría decir que a duras penas se ofreció a las audiencias noticias que contengan “verdades periodísticas”, al menos en el sentido propuesto por el periodista Jack Fuller – citado por Kovach y Rosenstiel- de buscar la coherencia entre el acontecimiento y la noticia,  es decir , el producto de “averiguar los hechos y encontrarles un sentido”. Eso es lo que más faltó en la mayoría de coberturas: un sentido que oriente a los lectores, y eso precisamente se debe al empobrecimiento del proceso de construcción de la noticia, que evitó el enriquecimiento de la “verdad periodística, provocando, por el contrario, la banalización y trivialización incluso de hechos que tiene una honda significación social como lo es un funeral, irrespetando incluso el dolor familiar por la muerte de un ser querido. Recordemos que algo similar ocurrió tiempo atrás con relación al imprevisto fallecimiento de un conocido futbolista ecuatoriano.

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El interés noticioso por “temas negativos” (accidentes, violencias de todo tipo, muertes) se acentúa si se trata de personajes públicos.  En este caso, no sólo aparecerá en medios masivos, sino informaciónes y opiniones sobre este tipo de “noticias” son ampliamente difundidas en redes sociales, que a veces se convierten en fuente de datos para los medios impresos, la prensa, la radio y la TV.  En blogs y cuentas personales han circulado cruentas imágenes del cadáver de la cantante junto a comentarios en contra de su pareja, así como supuestos testimonios auto-inculpatorios, en cuentas seguramente creadas precisamente para este fin. Este fenómeno complejiza más los efectos sociales de este tipo de “noticiabilidad” y afectará, con toda seguridad, la calidad del debate y la deliberación pública sobre este caso y otros similares.

De hecho, cuando la “desgracia” involucra a celebridades, las especulaciones y aseveraciones infundadas se multiplican y no es raro encontrar “informaciones” que sirven más como bases para narrativas cercanas a la ficción y la fantasía, frecuentemente indolente para con el drama humano que acompaña este tipo de hechos   así como irrespetuoso con la dignidad y la intimidad personal.

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De este inicial análisis del caso se concluye que los medios del país y muchos de sus periodistas necesitan identificar con la mayor responsabilidad los temas de fondo en la información que escogieron difundir. Estas premisas estuvieron la mayoría de las veces ausentes en el tratamiento periodístico del fallecimiento de la cantante y actriz Edith Rosario Bermeo Cisneros, conocida como Sharon. La razón para tal afirmación es que la mayoría de notas del hecho evitaron profundizar la reflexión sobre temáticas estructurales que explican el caso particular, tales como la violencia de género y la  intrafamiliar. En lugar de eso, los medios privilegiaron el “drama barato”, la emocionalización fácil y la simplificación de los datos ofrecidos. En definitiva, las prisas, la ignorancia o la pereza de los periodistas así como la voracidad mercantil o la obsesión competitiva de ciertos medios -sobre todo televisivos- fue lo que primó en la cobertura noticiosa del caso, es decir, lo que Félix Ortega denomina simple y llanamente “periodismo sin información”.

Por: Hernán Reyes Aguinaga

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