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Mujeres y estigmatización mediática


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17 de December de 2015 - 4:56 pm
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El preámbulo y vigencia de la discusión: el presente artículo plantea la problemática que supone la estigmatización estructural de las mujeres dentro de los medios de comunicación, un ámbito de gran relevancia dentro de la garantía de los derechos humanos y particularmente el de la no discriminación, consagrado en el artículo 7 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en otros instrumentos internacionales como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer de la ONU. Mediante la categoría de género para caracterizar el ámbito mediático como un espacio de distinción genérica donde el dominio se construye en torno a la masculinidad, se analiza la forma como este modelo trasciende en la representación peyorativa o reduccionista de la mujer en contenidos publicitarios, informativos y de entretenimiento que realizan la prensa, la radio, la televisión y, últimamente, las redes sociales para luego reproducirse o afianzarse en las prácticas sociales de la sociedad contemporánea. De ahí la necesidad de implementar políticas y normativa que visibilicen esta problemática y la prevengan, además de que alienten el debate y concientización de la necesidad de transformaciones culturales profundas.

Algunos datos

La representación de la mujer en los medios de comunicación que incurre en no pocas ocasiones en discriminación por estigmatización, es decir, “una actitud de aversión u hostilidad hacia una persona que pertenece a un grupo, simplemente porque pertenece a ese grupo, y se presume en consecuencia que posee las cualidades objetables que se adscriben al grupo” (Alport, 1954), se relaciona no solo con la lógica masculina que impera en los medios, sino también con las dificultades que se trasladan a otros aspectos del ejercicio diario de los derechos. Por ejemplo, las dificultades para el acceso laboral y la participación de las mujeres dentro de espacios de opinión y cargos directivos de canales, estaciones radiales y otras plataformas de comunicación. En las instituciones mediáticas, el orden de género ha condicionado la presencia de las mujeres de la misma forma en la que ha condicionado la representación de los roles femeninos a partir de la desvalorización, los estereotipos y la subordinación. Asimismo, está latente la sospecha de que la estigmatización en los medios puede influir en otras problemáticas como la violencia de género. En ese sentido recordemos que en el caso ecuatoriano, este fenómeno adquiere un rango de interés público porque vivimos en una sociedad donde lamentablemente seis de cada diez mujeres han sido violentadas física o psicológicamente (INEC, 2014).

A nivel mundial, algunas investigaciones realizadas en el marco de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, evidencian la persistencia de una discriminación estructural de las mujeres en la sociedad actual que también incluye el área de la comunicación. El 46% de noticias difundidas por los medios de comunicación en más de 100 países promueven estereotipos de género, apenas el 27% de cargos directivos en el área de la comunicación son ocupados por mujeres, el 26% de usuarias de redes ha sufrido acoso en línea y solo el 23% de protagonistas principales de películas tienen una mujer en esos papeles (ONU, 2014). En el Ecuador, apenas el 36% de las personas vinculadas a la comunicación es mujer, aunque el 56% de quienes estudian comunicación social pertenecen al género femenino (CORDICOM, 2014).

De igual forma, en la publicidad difundida en Quito, Guayaquil y Cuenca las mujeres aparecen en un 75% con un rol de amas de casa o como objetos sexuales (Gamma, 2012). Entre 2013 y 2015, el 55% de casos calificados por discriminación en el Ecuador estuvieron relacionados con mujeres y ponen en el debate la necesidad de profundizar en campañas de educación y sensibilización direccionadas al desarrollo pleno de derechos de la mujer en cuanto a su ejercicio de los derechos a la comunicación y la información (CORDICOM, 2015).

De la estigmatización a la normalización del derecho a la no discriminación

Las representaciones mediáticas, de las mujeres, los jóvenes, las personas con discapacidad y tantos otros grupos humanos, influyen en la interacción social, la normalización de prejuicios y la hegemonía de ciertos discursos (Blanco, 2004). Para varios autores (Kaufman, 1989; Badinter, 1993; Gilmore, 1994; Connell, 1995) dentro de este tipo de espacios de reproducción de sentidos simbólicos y construcción de identidades, se crea un sistema de representaciones que constituye lo que recibe la denominación de modelo de masculinidad hegemónica. Al convertirse en un espacio donde se reproduce el modelo hegemónico de la masculinidad, el espectro de la comunicación mediática no deja mayor lugar para lo femenino, ni real ni simbólicamente. Por ejemplo, la imagen de éxito dominante elimina los elementos femeninos al separar a los varones del ámbito doméstico y de las mujeres, ya que enfatiza en la negación de aspectos como la maternidad.

Prevalece en las sociedades como la ecuatoriana la representación de la mujer confinada al rol doméstico, un hecho que las condiciona a ser excluidas en áreas habitualmente asociadas a la masculinidad. Es curioso, las mujeres pueden ser exitosas en el discurso de varios contenidos mediáticos siempre y cuando no descuide sus papeles “tradicionales”. De esta forma, si las mujeres exitosas quieren ser un “ejemplo” para la sociedad, deben además ser excelentes madres, dedicadas amas de casa y amorosas esposas; su verdadero mérito no está en triunfar, sino “a pesar” de esto en no desatender su “rol principal”.

De igual forma, el arquetipo “ideal” de las mujeres presentadas en los medios todavía lo constituye el de una mujer que además de (o incluso sin) méritos intelectuales, tenga también buena presencia, un cuerpo escultural, un rostro agradable y el indispensable “carisma” para modelar, anunciar un cereal o aparecer en la portada de alguna revista como parte del fenómeno de la objetivación. Así, una gran cantidad de revistas y programas incluyen imágenes de mujeres, no para dar a conocer sus logros o su historia, sino como ilustración para el público masculino (Duncan y Messner, 2005).

La propuesta del Ecuador a nivel normativo

Evitar o prevenir representar o tratar a una persona como si de un objeto se tratara (una cosa no pensante que puede ser usada como uno desee) requiere implementar cambios normativos que permitan a través de los mismos medios de comunicación la emancipación y la garantía de derechos fundamentales. En este sentido, la aprobación de la Ley Orgánica de Comunicación en nuestro país, una normativa elaborada con un enfoque de promoción y garantía de derechos de todos los grupos en condiciones de vulnerabilidad, incluyen varios avances. Desde la prohibición de cualquier forma de discriminación por motivos de sexo, orientación sexual, condición socio económica, entre otras- hasta la formulación de un reglamento de proyectos comunicacionales que entre varios puntos dispone a los medios el cumplimiento progresivo de una cuota de equidad de género: el 50% de personas en los medios deben ser mujeres.

El objetivo de las acciones afirmativas es promover el respeto de todas las personas y una mayor presencia de grupos humanos como las mujeres en los medios en comparación al pasado, lo cual constituye la oportunidad de una práctica discursiva desde la que es posible conquistar -exigir- el derecho a comunicar para transgredir y transformar el orden de género excluyente que ha imperado en la comunicación del país.

No obstante y más allá de los adelantos significativos en el país, el número de reporteras en espacios de farándula y espectáculo supera el de las que se desenvuelven en espacios políticos de opinión. Esta diferenciación, sin ánimo de menospreciar el mundo del espectáculo, evidencia todavía un reducido acceso de las mujeres al debate de temas de relevancia pública que influyen en la salud colectiva, la economía, entre otras áreas de relevancia social. De la revisión aleatoria de espacios informativos en los canales de alcance nacional, es inquietante que solamente cerca de tres de cada diez personas entrevistadas en temas políticos son mujeres, al mismo tiempo de que los cuerpos de las mujeres todavía son utilizados para ganar audiencias y vender productos.

El caso del segmento el ‘Lunes Sexy’ de diario Extra es emblemático. Tras analizar desde un criterio jurídico y técnico la portada de la fotografía de la modelo Claudia Hurtado, acompañada del titular “Empieza bien parado la semana con tu lunes sexy picante, ¡Tremenda potra, carajo!” era evidente un ejercicio de animalización y objetivación de la mujer. La sanción al medio sin embargo no estuvo exenta de polémicas e incluso de apologías de la estigmatización y la vulneración de derechos. Lo positivo en todo caso es que este proceso puso en la palestra pública la discusión del valor que le otorga la sociedad a las mujeres y el alcance de su derecho al respeto, la protección y la no discriminación, curiosamente versus una noción de libertad sexual mal comprendida. Las opiniones y criterios fueron muy diversos alrededor del tema. Estuvieron quienes sostenían que la utilización o discriminación de una mujer es tal solo si ésta se siente personalmente afectada, con lo que se pretendió justificar el machismo a gran escala. También estuvimos quienes creemos que el criterio respecto a lo femenino y sus características está formado a partir de la influencia de las representaciones en los discursos que tenemos en nuestro entorno y, por lo tanto, es imprescindible que el Estado garantice el derecho de las mujeres a la igualdad y el respeto.

A manera de corolario

Las palabras e ideas de la mujer en la vida pública adquieren cada vez más fuerza y preponderancia dentro de los esquemas de poder imperantes. Haber logrado eso es producto de una lucha con amplios antecedentes que aún no termina e involucra la demanda constante de la garantía efectiva de derechos en la que queda mucho territorio por conquistar. Esto, más allá de que es indudable se ha avanzado en espacios normativos que antes ni siquiera podían imaginarse, entre ellos la ampliación del reconocimiento en la Constitución del 2008 de los derechos de las mujeres, desde el derecho a la igualdad material y la no discriminación como elementos esenciales para el logro de la igualdad de los grupos históricamente vulnerados, así como el rol del Estado en la formulación y ejecución de políticas de igualdad entre mujeres y hombres. En este contexto surge en 2009 y se consolida en 2013 el proyecto de una Ley Orgánica de Comunicación (LOC) con énfasis en el derecho de toda persona a estar libre de discriminación. Esto a propósito de las creencias o estereotipos que desde hace décadas se posicionan dentro de la agenda pública a través de la comunicación masiva, sin evitar la promoción de prácticas discriminatorias que repercuten directamente en la vida cotidiana de millones de mujeres.

Sin embargo, el esfuerzo es complejo y requiere una serie de acciones más amplias. La razón es que en el Ecuador del siglo XXI, el inconsciente colectivo todavía está plagado de información proveniente de la fútil normalización de representar o tratar a una persona –sobre todo a la mujer- como a un objeto, “una cosa” que puede ser usada como uno desee con el pretexto de una mal entendida libertad de expresión. En este sentido, es muy importante ahondar en el debate y superar visiones que evaden el tema de la lucha contra la discriminación con un discurso que pretende homologar la libertad de expresión con la libertad de degradar a las personas. Es imperante comprender una necesidad normativa que regule a los medios, pues estos son parte fundamental en la formación de las identidades públicas y la reproducción de valores sociales. La fuerza de las identidades mediáticas se condensa en la frase de “quien no sale en los medios, no existe”. Ahora bien, no todos tenemos la misma fuerza y las mismas condiciones para aparecer representados en los medios y controlar la identidad mediática que se proyecta de nosotros. Y tampoco tenemos los mismos recursos para consumir o acceder a distintos medios, alimentando así la necesidad de fomentar procesos legales que garanticen los derechos humanos, entre el que está el de una comunicación e información sin discriminación o estigmatización.

Paulina Mogrovejo Rengel

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