Comunicamos


Escrito por Hernán Reyes Aguinaga

Potenciar los medios comunitarios: apuesta vital para la comunicación y la democracia


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20 de enero de 2015 - 6:40 pm
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Foto de archivo

Con la aplicación de la Ley Orgánica de Comunicación, se reeditan una serie de temas olvidados por décadas en el país. Uno de ellos es el relativo a los medios comunitarios y su importancia social, cultural y política para el robustecimiento de la democracia.

En el Ecuador, la historia de los medios comunitarios va ligada a los movimientos y personalidades que han empujado el proceso de liberación social, como Monseñor Leonidas Proaño y organizaciones como la Coordinadora de Radio Popular Educativa del Ecuador (CORAPE) además de la Escuela de Radios Populares del Ecuador (ERPE). Todos estos actores fueron fundamentales en el desarrollo de los primeros medios comunitarios en zonas de Chimborazo, Pichincha, Bolívar e Imbabura. El uso del quichua en la programación y la autogestión son rasgos que marcaron a radio El Prado, el primer medio comunitario del país o a Inti Pacha, medio comunitario indígena con sede en Cangahua, cantón Cayambe.

Desde hace décadas, los pocos medios comunitarios existentes han demostrado su enorme capacidad para generar sentidos de convivencia social alternativos que ayudan a superar viejos estereotipos y prejuicios relacionados con su valor y alcance, facilitando  a los ciudadanos el acceso al debate social y reposicionando a los grupos vulnerables como partícipes de la comunicación que tienen mucho que decir y aportar.

En el Ecuador, al igual que en varios otros países, aunque se ha reconocido abiertamente que los medios comunitarios representan una opción real de democratizar la información y el acceso a la comunicación, su desarrollo no ha sido fácil. Estos medios tuvieron que afrontar dificultades legales e impedimentos sobre todo técnicos y de precarización de su personal. Por ejemplo, en algunos casos hasta 20 medios comunitarios debieron compartir una frecuencia, mientras una sola persona, muchas veces sin mayor capacitación en comunicación, estaba a cargo del manejo de equipos y de la provisión de sustento económico. En el caso ecuatoriano, ante la falta de una ley que ampare su creación, varios medios comunitarios debieron adoptar figuras comerciales o públicas porque solamente de esa manera podían acceder a alguna frecuencia. Hasta el año 2007, en nuestro país ningún medio se autodefinía como comunitario aunque esta fuera su condición y realidad del día a día.

En junio de 2013, con la aprobación de la Ley de Comunicación, nuestro país trazó un nuevo camino de esperanza para los medios comunitarios, puesto que los definió de manera expresa. La ley plantea un cambio radical en cuanto a la lógica desde la que se produce y genera comunicación en el Ecuador. Las posibilidades que se abren con artículos como el 106 que señala que el 34% del espectro radio eléctrico se otorgará con preferencia a los medios comunitarios es un punto central en el desarrollo de una comunicación más ciudadana y democrática

No sólo en el Ecuador, sino en el mundo entero, la actuación de los medios comunitarios expresan su compromiso con el ejercicio de los derechos humanos y la participación directa de la comunidad. En América Latina, estos medios han sido utilizados con propósitos educativos y por más de 70 años han abierto sus micrófonos de forma prioritaria a colectivos campesinos, indígenas, afro descendientes, entre otros que fueron relegados de los grandes medios de comunicación.

En esta línea, instituciones como el Cordicom han empezado a dar los primeros pasos en este largo camino. En 2014, la institución de desarrollo de la comunicación elaboró un reglamento que viabiliza que los medios comunitarios existentes bajo la figura de medios públicos o privados puedan convertirse legalmente en comunitarios. El objetivo de que adopten esta condición es que accedan a los beneficios de varias políticas de acción afirmativa que se trabaja desde el Estado a favor del surgimiento de más medios comunitarios.

El Cordicom, conjuntamente con otras instituciones del Estado, gestionan varias medidas que apuntan facilitar la creación de medios comunitarios con sustentabilidad económica y capacidad, tanto técnica como profesional. Por ejemplo, se mantienen diálogos con entidades financieras y tributarias en miras de abrir líneas de créditos blandos y exoneración de impuestos para la importación de equipos. A nivel de capacitación profesional, el Cordicom asesora en la elaboración del proyecto comunicacional y en la labor técnica, comunicativa y administrativa para el manejo de medios comunitarios. A través del Servicio de Capacitación Profesional (Secap) se brinda certificación de competencias laborales en los perfil de programador de medios comunitarios y productor- realizador de contenidos para estos medios.

Actualmente, el Cordicom se reúne con diferentes actores sociales previo a la presentación de un reglamento que normará la forma en que la obligación que tienen los anunciantes publicitarios destinen el 10% de su inversión a medios locales y regionales –entre ellos los comunitarios-, como un aporte significativo para su fortalecimiento y sostenibilidad.

El requerimiento de que todos los medios de comunicación cuenten progresivamente con el 60% de producción nacional, además del énfasis en la necesidad de ofrecer a la ciudadanía contenidos interculturales y educativos es otra opción en la que el Cordicom busca vincular a los medios comunitarios. La producción de material educativo y de la narración de las distintas realidades de un país plurinacional como el nuestro son campos en los que los medios comunitarios tienen experiencia y pueden hacer productos con propuestas creativas que, a la vez, les den opciones de sostenimiento económico sin declinar de sus funciones sociales. Estas son las vías en desarrollo para hacer efectivo el deber ser de los medios comunitarios y abrir nuevas posibilidades para el quehacer comunicacional puesto que, contrariamente a la lógica mercantil imperante en los medios privados, los medios comunitarios tienen como propósito promover el interés colectivo, la convivencia respetuosa y el diálogo horizontal entre distintas opiniones. Estas son funciones de los medios comunitarios, pero hay otra razón de fondo para colocarlos en el centro de la atención pública: por su naturaleza, estos medios posicionan a todas las personas como generadores de información y no como simples consumidores.

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Cuatro grandes razones para apostar por los medios comunitarios

En primer lugar, lo comunitario se refiere a enfatizar una dimensión cultural que es contra-hegemónica; implica un modo de practicar la comunicación de una forma radicalmente distinta a la de usar meras herramientas técnicas u recursos cognitivos para transmitir información. La comunicación comunitaria va mucho más allá de la sola y tradicional forma periodística de noticias, u otros textos como los de opinión.

Es recuperar, por principio, la noción de “lo común”, y esto supera incluso la idea de que lo único de común que tenemos es la condición de ciudadanos, sino que nos recuerda que es común para todos disfrutar de una “vida buena”. Desde este interés primordial, “comunicarse” se refiere a mantener una relación, un enlace o un encuentro entre personas, lo que puede ser o no voluntario. La comunicación es la base de la vida social. No podemos dejar de interactuar y, por lo tanto, de relacionarnos como seres humanos, de múltiples formas y en diversidad de sentidos.

La comunicación vista de esta forma, es decir relacionalmente, no hace más que ratificar nuestra condición humana y se muestra como la base de la socialidad en la que existimos. Como decía Michel de Certeau con su genialidad de siempre, la comunicación  “se refiere a la singularidad de un lugar particularizado como intersección de caminos individuales, transformado en punto de confluencia”. Es decir, la comunicación muestra la singularidad de la persona a la vez que su capacidad socializadora.

Segundo, hay que reconocer que lo que predomina en nuestra atmósfera de opinión es un abanico de visiones estrechas y reductivas de la comunicación social. Ideas tales como “la comunicación es cosa de los medios” (o de los expertos, es decir de los periodistas) o que la comunicación tiene que ver con “la libertad absoluta para decir lo que se quiera”, sin que exista la más mínima posibilidad de regulación o intervención estatal, no hacen sino ocultar el trasfondo del eco-sistema comunicativo y sus jerarquías.

Tercero. La comunicación implica poder, y ese poder puede ser emancipador o estar al servicio de la dominación social. Los medios de comunicación comunitarios sirven como “mediadores” entre los sujetos, posibilitando su interacción para enfrentar las viscisitudes del mercado y recuperando los valores más “humanos” de las personas y los colectivos, articulándolos con los grandes objetivos del Buen Vivir.

Cuarto. Comunicarse es siempre establecer un compromiso y una vocación: con los más silenciados, los más invisibilizados, los más discriminados y explotados. O al revés: servir para silenciar, excluir a las mayorías, someter a los más débiles al poder. En este sentido, el posicionamiento de los medios comunitarios es claro: confrontar las asimetrías y los abusos y apostar por el cambio estructural expresar, encarnando la lucha de los pueblos.

Estamos, pues, en un momento único y quizá irrepetible. La comunicación en el país no volverá a ser la misma que era hasta el 2006 con la Constitución de Montecristi y los derechos de comunicación e información ahí plasmados. Lo irreversible del proceso es más claro aún con la Ley Orgánica de Comunicación. Estos dispositivos del Derecho revelan las nuevas reglas de juego. Estas normas marcan la dirección de las luchas por ejercer derechos nuevos por parte de sujetos emergentes. Hay procesos políticos inéditos alrededor de temas antes desconocidos que requieren una voluntad insobornable de transformación radical hacia una sociedad más democrática, desde la generación de nuevas prácticas comunicacionales, o sea desde la construcción de nuevas relaciones humanas más horizontales e igualitarias.

La comunicación en el país no sólo debe ajustarse al nuevo marco normativo, sino crear condiciones objetivas para beneficiar a los “olvidados de la tierra”. Reconocernos todos como interculturales y diversos y descubrir a la vez lo que tenemos de “común” con los otros y dónde cruzamos nuestros caminos para “igualarnos” como sujetos sociales. No es un tema de cambiar unos medios por otros, o de desechar ciertos contenidos empobrecidos o de renovar las tecnologías.

Así, la comunicación comunitaria reclama que recuperemos lo alternativo, lo popular y lo cotidiano de la comunicación. Si bien las reformas de fondo generalmente se deben propiciar de arranque desde arriba, no podrán mantenerse en el tiempo si no se consolidan “desde abajo”. Y en este punto, la presencia protagónica de los medios comunitarios en el mediano y largo plazo es el desafío mayor del proceso.

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